Te cuento cómo comenzó esta historia, para ponernos en
antecedentes de un artículo que, aunque francamente interesante y revelador, se
presume largo.
Por este motivo, el trato entre Lane y los miembros de la
Comisión estuvo siempre envuelto en un impertinente tira y afloja constante,
que queda reflejado claramente en la correspondencia que mantuvieron: “Tienes
que venir-iré cuando pueda”. “Mira, que esto es una comisión presidencial-eso
no significa que podéis hacer lo que queráis”. “Muéstranos las pruebas que
tienes-me ampara el derecho abogado-cliente” … Lane llegaba incluso a decirles
en sus cartas que “si la Comisión quería pedirles disculpas, estaría receptivo
a ellas”.
Esta historia nos lleva precisamente a una carta que Mark
Lane remitió a J. Lee Rankin, procurador general de los Estados Unidos de 1956
a 1961 y consejero general jefe de la Comisión, donde le decía:
“Ya tengo la información que prueba que la historia ampliamente difundida en los Estados Unidos el 10 de febrero, acerca de un testigo, un conserje negro, que vio claramente a Oswald apretar el gatillo, fue deliberadamente difundida por un agente del Servicio Secreto. Sugiero a “tu Comisión” (las comillas son mías) que muestre menos preocupación por mis fuentes, y más preocupación por la persecución de un ciudadano americano por parte del FBI. Y también le sugeriría que intentaran determinar por qué un agente del Servicio Secreto de los EEUU filtraría deliberadamente una historia falsa a los medios de comunicación. Deberíais estar interesado en investigar eso, incluyendo los nombres y credenciales de los agentes del FBI y los de las personas involucradas en la divulgación de historias falsas a la prensa”. La “historia ampliamente difundida” a la que se refería Lane es una columna que aparecería en primera plana del periódico Fort Worth Star Telegram del 10 de febrero de 1964, donde el periodista Thayer Waldo descubría, sin citar fuentes o nombres, la existencia de un testigo que hubiera podido incriminar definitivamente a Oswald. A grandes rasgos, según aquella escueta columna, el conserje negro de unos treinta años estaba también en la sexta planta mirando por una ventana, cuando el estruendo de un disparo le hizo mirar hacia su izquierda, y vio a Lee “en la ventana de al lado, arrodillado, con un fusil apuntando hacia la calle”. El testigo entonces se giró y corrió hacia las escaleras al otro lado del almacén, donde había algunas cajas apiladas, escondiéndose detrás. Le dijo a la policía que “estaba aterrado. Pensé que también me iba a disparar a mí. Oí un segundo disparo mientras corría a esconderme, y un tercero cuando ya estaba detrás de las cajas. Después corrió hacia donde yo estaba y casi tropezó conmigo cuando pasó a mi lado. Soltó el fusil y se fue por las escaleras”.
¿Cómo? ¿Qué un testigo estaba presente mientras Oswald —y no
otro— disparaba contra el Kennedy, y podía identificarlo sin ningún lugar a
dudas?
Obviamente, Rankin, a vuelta de correo el 12 de mayo, le
instó al abogado a presentar inmediatamente las pruebas de semejante comodín
dorado ante la Comisión, y el día 16 de mayo —cuatro días después. No es que se
hiciera de rogar demasiado, la verdad— Mark Lane le remitió el siguiente texto:
«Un agente del Servicio
Secreto llamado Mike Howard, en presencia de su hermano Pat Howard, ayudante
del sheriff del Condado de Tarrant, ofreció información falsa a Thayer Waldo,
reportero del Fort Worth Star Telegram.
«Espera a que ese chico negro se ponga
delante de la Comisión Warren y les cuente su historia. Ahí se aclarará todo.
Sí, señor. Estalla allí, en la misma planta, mirando por la ventana de al lado;
y después del primer disparo, miró y vio a Oswald, y entonces echó a correr. Lo
vi en la estación de policía de Dallas. Todavía era el negro más asustado que haya
visto nunca. Oí cómo le decía al oficial “oiga, usted no sabe lo que es correr
rápido porque no me vio ese día”. Dijo que salió corriendo y se escondió detrás
de unas cajas porque tenía miedo de que Oswald le disparara a él.
«Mike Howard explicó entonces que el testigo Negro había sido arrestado en el pasado por la oficina de Servicios Especiales de la Policía de Dallas por juego ilegal; y, como que estaba familiarizado con esa sección de la Policía de Dallas, inmediatamente se dirigió a dicha sección. El Sr. Howard dijo que visitó al testigo negro mientras estaba en custodia de los Servicios Especiales, en la prisión de Dallas. El Sr. Howard dijo que después había sido llevado a otro lugar, pero que no sabía dónde lo habían llevado. Después de que Waldo publicara la historia en el Fort Worth Star Telegram, Pat Howard le llamó y le preguntó “No habrás dicho que tu fuente es Mike, ¿verdad? No habrás dicho su nombre”. Cuando Waldo le dijo que había protegido sus fuentes, Pat Howard le dijo “Vale, buen chico, buen chico. Eso podría traer cola”.
«Además de que parece mentira que un agente del Servicio Secreto de los
Estados Unidos utilice semejantes epítetos para referirse a un ciudadano que
paga su salario, cualquiera se preocuparía al comprobar que una agencia en la
que su Comisión confía a la hora de la mostrar exactitud en sus informes,
parece que ha filtrado una historia falsa a la prensa.»
Ya estoy redactando la segunda
entrega de esta apasionante historia, y lo más sorprendente es que esa “historia
falsa filtrada por un agente del Servicio Secreto”… podría no ser falsa.
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