"SI LO HE VISTO EN UNA PELÍCULA, DEBE SER VERDAD..."

 

¿Recordáis que Oliver Stone nos dijo en su JFK que “no hay constancia del interrogatorio al que (Oswald) fue sometido”?

Las notas escritas a mano del capitán de policía de Dallas que interrogó a Lee Harvey Oswald muestran que éste negó poseer un rifle o haber matado al presidente Kennedy, tal como se le dijo a la Comisión Warren hace más de 60 años.


"No dice nada contra el presidente... niega haberle disparado", escribió el capitán J. W. "Will" Fritz, principal interrogador de Oswald mientras este se encontraba bajo custodia policial desde el 22 de noviembre de 1963, cuando Kennedy fue asesinado, hasta la mañana del 24 de noviembre de 1963, cuando Oswald fue asesinado por Jack Ruby. Las notas de Fritz fueron publicadas por la Junta de Revisión de Registros de Asesinatos, justo a tiempo para el 34.º aniversario del asesinato.

Fritz, que murió en 1984, dijo a la Comisión Warren en 1964 que no tomó notas durante el interrogatorio; estas notas llegaron "varios días después".

"Son históricamente valiosos porque no había grabadora ni taquígrafo", dijo Tom Samoluk, subdirector de la junta.

En general, las notas (en su mayoría abreviaturas y fragmentos de las respuestas de Oswald a la policía) respaldaron puntos clave del testimonio de Fritz ante la comisión.

Dijo a la comisión que Oswald, durante el interrogatorio, negó haber asesinado a Kennedy, negó poseer un rifle y afirmó que una fotografía de él sosteniendo un rifle en su patio trasero de Dallas era una falsificación.

"No tenía rifle... no dice nada en contra del presidente. No quiere hablar más", escribió Fritz. "Le muestro una foto del arma. No quiso hablar de la foto. Dice que hizo unos montajes fotográficos".

Estas notas son solo el segundo conjunto de notas originales manuscritas tomadas durante el interrogatorio que han salido a la luz en 34 años. Anteriormente, la junta publicó notas tomadas por el exagente del FBI James P. Hosty Jr., quien también interrogó a Oswald. Parece que Oliver Stone quiso olvidar aquellos precipitados apuntes.

Más allá de las negaciones sobre el rifle y el asesinato, las notas revelan que Oswald tergiversó su historial militar ante la policía.

"...escuela en Ft. W. - a los Marines se les dice que recibió las medallas asiduamente", dijeron. De hecho, Oswald fue juzgado dos veces por el Cuerpo de Marines, que cambió su baja honorable a "indeseable" tras desertar a Rusia en 1959.

Oswald, quien profesaba una filosofía procomunista, también proporcionó información contradictoria sobre su postura política. Por ejemplo, declaró a la policía que no tenía ideas políticas, pero que apoyaba la revolución comunista de Fidel Castro en Cuba, según las notas.

"... dice que vivió en Rusia durante tres años... no afirma tener creencias políticas... dice que apoya la Rev. De Castro... habla ruso... niega pertenecer al Partido Comunista", escribió Fritz.

Las notas fueron descubiertas entre algunas de las pertenencias de Fritz, que fueron donadas a la junta.




DESMONTANDO LA TEORÍA DEL SEGUNDO TIRADOR


Si el disparo que acabó con la vida de Kennedy atravesó el parabrisas antes de volarle la cabeza, ¿qué hacen los sesos del presidente en el parabrisas del coche? Recordad que la limo estaba casi parada y que el viento soplaba muy suavemente desde delante.

Y ¿dónde está el agujero del parabrisas? Si quieres pensar que vino desde delante, por mí vale, pero yo solo veo un impacto en el parabrisas. Ningún agujero.


Ahondemos un poco más: el parabrisas de la limusina de John F. Kennedy NO estaba blindado cuando fue asesinado el 22 de noviembre de 1963. El vehículo, un Lincoln Continental de 1961 conocido como "SS-100-X", carecía de cualquier blindaje real, incluidos los cristales, la capota trasparente y los neumáticos. ¿Qué nos permite deducir esto? que estas imágenes nos muestran el impacto de un cuerpo que no pudo atravesar un parabrisas de cristal de 1963, lo que significa que no pudo ser disparado por un arma de cierto calibre y potencia como los que se barajan. Ni Oswald ni ninguno de los presuntos asesinos pudo causar ese daño...



Pero también sabemos que cuando Kennedy y Connally fueron alcanzados con el primer proyectil, el parabrisas estaba inmaculado, pero cuando el agente Clint Hill subió a la parte trasera del vehículo, cuatro segundos después, una vez el presidente había sido alcanzado en la cabeza, ya había recibido el impacto. Esto lo sabemos gracias a las dos instantáneas que tomó Ike Altgens a pie de calle, justo antes y después del tiro fatal contra la cabeza del presidente.



De modo que, si no fue una bala disparada contra el parabrisas desde delante (sí, incluiremos esta posibilidad) o detrás del vehículo, porque una bala hubiera atravesado el parabrisas, solamente nos queda deducir que las esquirlas del proyectil que atravesó la cabeza de Kennedy -ya mermadas de velocidad- fueron a impactar contra la parte delantera del vehículo.

Pero es que no solamente fue alcanzado el parabrisas, sino también el embellecedor metálico superior donde se sitúan los parasoles de conductor y pasajero que, en el momento de los disparos, estaban levantados.


La metralla del disparo que atravesó la cabeza del presidente Kennedy se proyectó hacia adelante. En consecuencia, eso solamente podía ocurrir cuando ese disparo proviniera desde detrás de la limusina. Por muy atractiva que nos pueda parecer la teoría del tirador apostado tras la valla de madera, las evidencias y la deducción descartan totalmente esta posibilidad.

Y, vuelvo a preguntar, ¿qué hacen los sesos del presidente en el parabrisas del coche?

Hay que tener todas las fichas para poder jugar, de verdad.


ASESINO POR CARIDAD

 

«Voy a solicitar la pena de muerte porque creo que se trata de un caso con agravantes», declaró en aquel momento el fiscal del condado de Dallas, Henry Wade, según el Chicago Tribune. «Se trata de un asesinato doble. El asesinato de un hombre detenido y esposado, y creo que es un caso extremo».


Ruby se declaró inocente, alegando que su dolor por el asesinato de Kennedy le había provocado una «epilepsia psicomotora» y le había llevado a disparar a Oswald de forma inconsciente. El 14 de marzo de 1964, Ruby fue declarado culpable de asesinato con premeditación y condenado a muerte.
Sin embargo, el 5 de octubre de 1966, el Tribunal de Apelación de Texas revocó la decisión, señalando que Ruby no había podido tener un juicio justo en Dallas en ese momento y que se habían admitido testimonios de forma indebida. Antes de que se celebrara su segundo juicio, Ruby murió de cáncer de pulmón el 3 de enero de 1967.

EL SUMIDERO "MÁGICO"


Georges Méliès rodó en 1902 su obra maestra “Un viaje a la luna”. En ella, el visionario concibió que un proyectil lanzado con un cañón larguísimo desde la Tierra, podía acertar en la luna, y que una delegación de bigotudos con chistera, pero sin equipo alguno de respiración, podían recolectar los extraños champiñones que crecen en su superficie, y luchar contra los extraños selenitas con aspecto demoníaco que… etcétera, etcétera, etcétera.


Debería pasar muchas décadas para que la ciencia y, sobre todo el sentido común, nos desvelara los errores en el planteamiento del cineasta. Y es que, si no se sabe, tampoco se puede saber si es cierto.
Lo mismo ocurre con una teoría muy socorrida por diversos autores, surgida en los 70 y 80 para ahondar y ratificar la conspiración en el magnicidio de Kennedy, y que solamente a un descerebrado se le podría ocurrir defender… o alguien que no tuviera ni el más mínimo interés en la verdad.
Justo al pie del grassy knoll hay un sumidero o recolector de aguas, que se prestó a los desvaríos de algunas mentes, que quisieron meter en su interior al tirador avanzado, que acertó con un disparo certero en la cabeza del presidente… pero solo en sus anhelos de perpetuar la más delirante de las conspiraciones.


No. Es imposible. Nadie apostado en ese punto podría apuntar a un vehículo que bajara por el carril central de la calle Elm. No hay ángulo para acertar al vehículo, ni elevación suficiente para acertar a nadie en el interior de ese vehículo.




¿Qué ocurre? Que hace 40 y 50 años no existía google-maps, la filmación de Zapruder era todavía una ilusión, y cualquier desaprensivo podía imaginar la más delirante de las paranoias porque, a la larga, siempre algo queda si lo adornas de bonitas palabras, unas flores y colonia.
Sabemos en qué punto exacto estaba JFK cuando recibió el disparo final y, hasta ese preciso instante, el sumidero estaba muy lejos de poder ofrecer un objetivo factible. Jamás se pudo disparar desde ese punto. Jamás hubo nadie apostado en ese punto. Jamás una sola hipótesis ahondando en dicho “nido de tirador” amparó un ápice de verdad. Pero, claro… esta incuestionable verdad vende mucho menos que la idea de un sicario retorciéndose en el cubículo más inhóspito del planeta al paso de una comitiva presidencial.

POR MENOS DE $50.00


Creo que lo que más nos molesta es tener que aceptar que un crío de 24 años, un amigo de nadie con aires de grandeza y mucho resentimiento contra una sociedad que no le otorgaba el respeto que él y solo él creía merecer, y sin saber cómo conseguir que su mujer volviera a creer en él, pudo terminar con la vida del hombre más importante del mundo libre y, 45 minutos después, con la de un policía de Dallas por menos de 50 dólares, el costo de una carabina italiana apodada “la misericordiosa” y un ridículo revólver Smith & Wesson calibre 38, armas las dos creadas en el S.XIX, excedentes militares, y que compró por correo bajo un nombre falso.


La CIA invirtió centenares de miles de dólares en diseñar planes para acabar con Castro… y no lo consiguió. 

EL SÍNDROME DE LAS BALDOSAS AMARILLAS


Me pasó mil veces con el tema de los OVNIs, y Kennedy es mil veces peor. Y comentándolo con compañeros, coincidimos en que lo peor de explicar las evidencias al gran público, es precisamente ese gran público.

No importa el tiempo que pases analizando una historia. No importa si no hay lugar a dudas en su resolución. No importa que haya pruebas o estudios científicos corroborando inequívocamente una realidad. Nunca vas a conseguir que tus postulados prosperen, si hay algún descerebrado dispuesto a creer en una mentira.


Hace 30 minutos, debatiendo la posibilidad del asesino solitario o la conspiración, en un foro teóricamente especializado en el asesinato de Kennedy. Un grupo privado pero que da cabida a cualquiera... con ombligo.
"No puedes usar las fotos del patio trasero de Oswald, porque se ha demostrado que fueron fabricadas para incriminarlo en el magnicidio".
¿DÓNDE SE HA DEMOSTRADO? ¿QUIÉN LO HA DEMOSTRADO? ¿EN UNA PELÍCULA EMPERRADA EN DEMOSTRAR QUE OSWALD ERA UN HUMILDE PASTORCILLO RODEADO POR LOBOS?


Además del testimonio de Marina afirmando que fue ella quien tomó las fotografías -SI, LAS FOTOGRAFÍAS, PORQUE NO HAY SOLO UNA, COMO PRETENDEN HACERNOS CREER LOS CONSPIRACIONISTAS-, no hay ni un solo informe oficial apoyando NI DUDANDO de la veracidad de las fotos. de hecho, habiendo surgido las dudas a mediados de los 60, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos, establecido en 1976 para investigar los asesinatos de John F. Kennedy y del Dr. Martin Luther King Jr., y que duraron hasta 1978, encargó un estudio independiente de estas fotografías que fue incapaz de encontrar alteraciones o modificaciones en las fotografías y concluyó que las dudas suscitadas por las sombras, tenían una base lógica y totalmente explicable.


Han pasado los años y, por fortuna, siempre ha habido alguien que ha pensado que los resultados de dicho informe eran poco claros, inexactos o, llanamente, un montaje. Pero solamente unos pocos han encargado un nuevo análisis de aquellas pruebas y TODAS sin excepción han ofrecido el mismo resultado: las fotografías de Oswald en el patio trasero de la calle Neely de Dallas son reales.
Eso sin contar que Lee tenía estas fotos en el garaje de Ruth Paine donde vivía Marina, y envió alguna copia de ellas a sus conocidos en Rusia, escribiendo al dorso "cazador de fascistas".


El Caso Kennedy, es un claro ejemplo de "Me parece que ya no estamos en Kansas, Toto": puedes pasarte toda la vida caminando por el sendero de baldosas amarillas creado a tu conveniencia, sin pisar nunca una sola realidad, porque siempre va a haber alguien dispuesto a fabricar más baldosas amarillas.

BARRAS DE CORTINAS



FRONTLINE | PBS. Bill Rockwood entrevista a Gerald Posner, 19 de noviembre de 2013

[pregunta]El día del asesinato, Frazier lleva a Oswald al trabajo en su coche. ¿Qué indicios hay de que llevara consigo el rifle?[/pregunta]
Cuando Lee Harvey Oswald fue a que Wesley Frazier lo llevara al trabajo esa mañana desde Irving, Texas, llevaba un paquete consigo. Lo puso en el asiento trasero del coche de Frazier. Le dijo que eran barras de cortina. El rifle Carcano desmontado mide 91 cm de largo. El paquete en sí, según Wesley Frazier, solo medía 60 cm, lo que ha llevado a los críticos a decir que no podía contener el rifle.
También dijo que, cuando Oswald entró en el almacén, lo llevaba debajo del brazo y le llegaba hasta la mano. Por supuesto que podía llevar un paquete de tres pies de largo de esa manera. Pero desde esa fecha, Frazier ha admitido que solo le echó un vistazo. No le prestó mucha atención, y podría haber sido más largo que los dos pies e incluso haber sobresalido del brazo de Oswald, y él no lo habría visto.
FIN DE LA CITA


Sin duda, Frazier declaró ante el FBI el 23 de noviembre que el paquete que Oswald llevaba consigo la mañana del 22 de noviembre medía dos pies de largo. Sin embargo, también dijo que no le prestó mucha atención y que solo lo vio en el asiento trasero con el rabillo del ojo, lo que significa que probablemente no vio toda la longitud del paquete.


Sin embargo, ese mismo día, la hermana de Frazier también prestó declaración ante el FBI en la que afirmó haber visto a Lee con un paquete que medía 90 centímetros de largo por 15 centímetros de ancho. Esto coincide con la declaración de Frazier de que Oswald le dijo que Ruth Paine le iba a dar unas barras de cortina para su habitación en la pensión de Oak Cliff.
Por cierto, esa es la ventana desde la que Dinnie Mae Randle vio a Oswald con el paquete. Tomé esta foto personalmente en noviembre de 2025.



PARKLAND NO TENÍA AUTORIZACIÓN


Vas sumando material a tu archivo y, poco a poco, vas hilvanando la truculenta odisea que se fraguó en Dallas. Y lo del “robo del cuerpo del presidente”, el argumento tan traído y llevado por el nódulo conspiracionista, incluso podría tener una explicación. Te lo cuento:

El 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas, Lee Harvey Oswald asesinó al presidente John F. Kennedy. Que sí, que fue él…
En ese entonces, Earl F. Rose era el médico forense del condado de Dallas y se encontraba en su oficina cuando Kennedy ingresó en la sala de urgencias del Hospital Parkland Memorial. Rose acudió de inmediato a urgencias porque se trataba de un homicidio, y las consideraciones médico-legales eran prioritarias para el futuro juicio. Por entonces, el gobierno federal carecía de jurisdicción penal sobre asesinatos, por lo que se trataba de un asunto estatal, lo que significaba que los tribunales de Texas tenían jurisdicción exclusiva sobre este asunto. Por ello se argumenta tanto que el cuerpo del presidente “le fue robado a Texas”, y que, por ley, la autopsia debería haber sido practicada en el mismo Parkland. Además, era más lógico que la autopsia se realizara allí, ya que los tribunales de Texas llevarían el juicio por este delito y, por lo tanto, una autopsia realizada en Texas sería más creíble.



Sin embargo, y aquí viene el punto de inflexión de esta cuestión, el juez de paz debía autorizar la autopsia; de lo contrario, la responsabilidad pasaría a manos de su pariente más cercano, esto es, la primera dama Jackie Kennedy. Según las memorias del doctor Rose, le pidió repetidamente al juez de paz Joseph Brantley Brown Jr. que autorizara la autopsia, pero él eludió la responsabilidad. Y, pensando en retrospectiva, es totalmente lógico pensar que un juez de paz sometido ante semejante tesitura de la que no existían históricos ni precedentes, quisiera colaborar al máximo con las autoridades federales, con la Casa Blanca y con el servicio secreto, y relegara semejante responsabilidad a instancias superiores. El juez Brantley tenía casi sesenta años, conocía sin duda a Lyndon B. Johnson, y es muy probable que no se quisiera inmiscuir en diligencias tan graves como el asesinato del presidente de los Estados Unidos.



Finalmente, retiraron el cuerpo y la Sra. Kennedy autorizó una autopsia parcial en el hospital de su elección, el Hospital Naval Bethesda en Washington D. C.
A pesar de lo que siempre hemos oído acerca de aquella situación, en la que supuestamente el servicio secreto sacó el féretro del presidente a empujones, e incluso blandiendo sus armas ante la policía y los doctores, curiosamente, cuando en 2005 fue cuestionado acerca de lo ocurrido en aquella sala de urgencias del hospital Parkland, el propio Earl F. Rose negó que existiera ningún tipo de confrontación con el Servicio Secreto, lo que coincidiría con su postura, pues no había sido autorizado a practicar dicha autopsia.

EL ÚLTIMO TAXI DE OSWALD


Oswald tuvo que bajarse del autobús porque se quedó atorado en Elm Street debido al caos ocasionado por el tiroteo en Dealey Plaza.

Anduvo hasta la estación de autobuses de Greyhound donde encontró a William Whaley y su taxi.


Lee le preguntó si estaba libre y, sin apenas mediar más palabra, se sentó junto a Whaley, en el asiento del copiloto. Justo antes de arrancar, una anciana se acercó hasta el taxista y le pidió si podía pedir a algún compañero que viniera a recogerla a ella. Cinco meses más tarde, ante la Comisión Warren, el taxista estaba casi seguro de que Oswald, ya sentado dentro y con el taxímetro en marcha, abrió la puerta con la intención de cederle el taxi si tenía prisa. Aquella mujer, que nunca fue identificada, rechazó amablemente su ofrecimiento.


Fue extraño visitar el mismo lugar, la estación de autobuses Greyhound de Lamar St., casi 62 años después.

LA NOVIA DE OSWALD


Como no podía ser de otro modo, cuanto más confuso es un tema, más se presta a que surjan oportunistas dispuestos a robar su pedazo de pastel. Tal es el caso de Judyth Vary Baker, la supuesta novia de Lee Harvey Oswald que, por supuesto, aporta su biografía como prueba de que tubo un romance con él. Como si no tuviera suficientes sombras el tipo, que ahora también podemos decir que le era infiel a Marina. Pobre, pero delicao...


«Judyth Vary Baker se ha visto envuelta en muchas, llamémoslas así, contradicciones. Como ha señalado Barb Junkarrien, Baker dijo en una ocasión que había escrito al presidente Kennedy en mayo de 1960. Cuando, en realidad, en aquella época no había ningún presidente Kennedy. Baker le dijo una vez a David Lifton que tenía intención de reunirse con su novio Lee Oswald a finales de 1963 en Cancún, México. Cuando, en realidad, en 1963 no existía Cancún. Ese complejo turístico no se construyó hasta 1970. (Como suele hacer, ahora culpa de estos patinazos a otras personas de su entorno). A pesar de todo, Baker sigue contando con sus incansables defensores. Incluso ante tantas áreas problemáticas de su historia. Incluso aparece en programas de radio respetables como Guns and Butter de Pacifica. Con tanta buena investigación disponible hoy en día, con tantas revelaciones de la ARRB que no se han difundido adecuadamente, esto nos parece bastante desafortunado. Con tantos problemas a su alrededor, Baker trivializa el asesinato de JFK. Y, realmente, eso no es más que una tragedia».


El investigador David Iosephs sobre los peligros de la actriz de mala fe Judyth Vary Baker.

Por cierto, si observamos el listado de libros de la Sra. Baker -https://www.amazon.com/.../Judyth.../author/B002M9HMSA... -, veremos algunos libros de ficción, poesía y otros especializados en el tema Kennedy. Pese a que su opera prima Me and Lee, donde habla de su affaire con Oswald, no profundiza en la política del momento o los personajes supuestamente implicados en la saga, parece que últimamente encontró en sus recuerdos situaciones que dan para publicar nuevos trabajos...

MERRIMAN SMITH


El veterano periodista de United Press International Merriman Smith hizo la primera llamada precipitada con el anuncio confuso desde la caravana presidencial a las 12:34 p. m., y luego hizo un informe más completo desde el Hospital Parkland a las 12:39 p. m.

Su relato de los hecho es estremecedor:
“Viajaba en el llamado coche «pool» de la prensa de la Casa Blanca, un vehículo de la compañía telefónica equipado con un radioteléfono móvil. Estaba en el asiento delantero, entre un conductor de la compañía telefónica y Malcolm Kilduff, secretario de prensa interino de la Casa Blanca para la gira del presidente por Texas. Otros tres periodistas del pool iban apretujados en el asiento trasero.
De repente, oímos tres estallidos fuertes, casi agónicos. El primero sonó como si fuera un petardo grande, pero el segundo y el tercero fueron inconfundibles. Eran disparos.
El coche del presidente, que se encontraba a unos 150 o 200 metros por delante, pareció vacilar brevemente. Vimos una gran agitación en el coche del Servicio Secreto que seguía a la limusina del jefe del Ejecutivo.
El siguiente en la fila era el coche que llevaba al vicepresidente Lyndon B. Johnson. Detrás de él, otro coche con agentes asignados a la protección del vicepresidente. Nosotros íbamos detrás de ese coche.
Nuestro coche se detuvo probablemente solo unos segundos, pero pareció una eternidad. Uno ve cómo la historia estalla ante sus ojos y hasta el observador más entrenado tiene un límite en lo que puede comprender.
Miré hacia delante, al coche del presidente, pero no pude ver ni a él ni a su acompañante, el gobernador de Texas John B. Connally. Ambos viajaban en el lado derecho de la limusina desde Washington. Me pareció ver un destello rosa, que habría sido la señora Jacqueline Kennedy.
Todos en nuestro coche empezaron a gritarle al conductor que se acercara al coche del presidente, pero en ese momento vimos la gran limusina y una escolta de motocicletas alejarse a toda velocidad.
Le gritamos a nuestro conductor: «¡Vamos, vamos!». Rodeamos el coche de Johnson y su escolta y nos dirigimos hacia la autopista, apenas pudiendo mantener a la vista el coche del presidente y el coche de seguimiento del Servicio Secreto que lo acompañaba.
Desaparecieron tras una curva. Cuando superamos la misma curva, pudimos ver hacia dónde nos dirigíamos: el Hospital Parkland, una gran estructura de ladrillo a la izquierda de la autopista arterial. Derrapamos en una curva cerrada a la izquierda y salimos disparados del coche compartido cuando este entró en la vía de acceso al hospital.


Corrí hacia la limusina.
El presidente estaba boca abajo en el asiento trasero. La señora Kennedy rodeaba con sus brazos la cabeza del presidente y se inclinaba sobre él como si le susurrara algo al oído.
El gobernador Connally yacía boca arriba en el suelo del coche, con la cabeza y los hombros apoyados en los brazos de su esposa, Nellie, que no dejaba de sacudir la cabeza y de temblar con sollozos secos. La sangre brotaba de la parte delantera del traje del gobernador. No pude ver la herida del presidente. Pero pude ver sangre salpicada por el interior del asiento trasero y una mancha oscura que se extendía por el lado derecho del traje gris oscuro del presidente.


Desde el el teléfono del coche había comunicado por radio a la oficina de United Press de Dallas que se habían disparado tres tiros contra la comitiva de Kennedy. Al ver la sangrienta escena en la parte trasera del coche a la entrada del hospital, supe que tenía que conseguir un teléfono inmediatamente.
Clint Hill, el agente del Servicio Secreto a cargo de la seguridad de la señora Kennedy, se asomaba por la parte trasera del coche.
«¿Cómo de grave es la herida, Clint?», le pregunté.
«Está muerto», respondió Hill secamente.

«ME COGIÓ DE LA MANO...»


«¡Me cogió de la mano! ¡Recuerdo que me cogió de la mano!». Este fue uno de los recuerdos más vívidos y conmovedores de Jacqueline Kennedy del día del asesinato en Dallas, el 22 de noviembre de 1963.

John F. Kennedy no era una persona que solía mostrar afecto en público. Sin embargo, tras la trágica pérdida de su hijo pequeño Patrick en agosto de 1963, según se dice, comenzó a cambiar y a coger la mano de Jackie con frecuencia y abiertamente como muestra de afecto y cariño.


Las imágenes recogen uno de esos momentos, ocurrido en la base de la fuerza aérea de Carswell, en Fort Worth, Texas. Ese gesto tan sencillo, pero tan lleno de simbolismo, arrancó los vítores de los que habían asistido a despedirlos, cuando iban a tomar el Air Force One hacia Dallas. Llegó a convencerlos que el Presidente no había a Texas solo a recoger algunos votos más, sino a demostrarle a su esposa que estaba intentando ser el hombre que ella merecía. Quién sabe...


Todos necesitamos que nos den alguna vez la mano, ¿verdad? Todos queremos tener al lado a la persona que creemos merecer.

¿CREES QUE LE VOY A PEGAR UN TIRO AL PRESIDENTE?


Gene Gordon fue el fotógrafo jefe del Fort Worth Press y capturó imágenes icónicas del presidente John F. Kennedy durante su última visita a Fort Worth los días 21 y 22 de noviembre de 1963, incluida la llegada de Kennedy a la base aérea de Carswell y su discurso en el aparcamiento del Hotel Texas, documentando las últimas horas del presidente antes de su asesinato.

Justo antes de su disertación ante la muchedumbre agolpada en el aparcamiento frente al Hotel Texas, Gordon pensó que sería una buena idea tomar algunas fotos del presidente desde una posición elevada, con la multitud entregada frente a él. Inmediatamente se hizo con una escalera de mano bastante precaria, que situó sobre la tarima donde Kennedy tenía que hablar. Cuando el presidente comenzó, el fotógrafo se encaramó a su atalaya, pero el servicio secreto no había sido notificado de aquella llamativa maniobra y uno de sus miembros se acercó inmediatamente hasta Gordon que, si bien era un miembro respetado de la sociedad periodística en Texas, era un total desconocido para los guardaespaldas del presidente.


“¡Déjame trabajar! -dijo el fotógrafo- ¿Acaso crees que le voy a pegar un tiro al presidente desde aquí arriba?”
Tres horas después, Kennedy era abatido en Dallas.


Tres días después, Gene Gordon también documentó el funeral de Lee Harvey Oswald en el cementerio de Rose Hill de Fort Worth, capturando imágenes icónicas del ataúd de Oswald en el cementerio y de su afligida familia (Marina, Marguerite y Robert Oswald), proporcionando registros visuales clave del evento para archivos históricos.

¡SUERTE TUVO DE SER EL GOBERNADOR!


Me gusta compartir con vosotros algunas cositas que guardo en mi archivo. Son sencillas curiosidades que nos sitúan en una época totalmente inverosímil.

Por ejemplo, en el Museo de Historia Gettysrburg podemos encontrar esta factura por los servicios satisfechos por el Hospital Parkland al Gobernador John Connally el día 22 de noviembre de 1963 y posteriores, para sanarlo de sus heridas ocurridas en la Plaza Dealey.
2680'50 dólares por servicios como la habitación en el hospital, oxígeno, anestesia, medicinas, los Rayos X... ¡EL ALQUILER DEL QUIRÓFANO!


He hecho una gestión con una de esas calculadoras del coste de la vida y me sale que el gobernador tendría que abonar hoy la friolera de 110.000 dólares por los mismos servicios.
Jesús...
En fin. Una curiosidad para vuestros archivos.