No dejo de mirar todos esos edificios en torno a la tarima en la que JFK dio una de sus últimas disertaciones. Estático durante varios minutos en una posición elevada frente al Hotel Texas de Fort Worth.
Todos esos edificios alrededor. Todas esas ventanas abiertas. Todas esas terrazas vacías...
¿Por qué alguien usaría un desfile motorizado para atentar contra su vida? Un vehículo en movimiento que para más Inri, hasta esa misma mañana no se había decidido si iría con capota o sin ella.
¿Por qué un particular o una organización con dos dedos de frente dejaría al azar semejante plan?
Exacto: Oswald no tenía dos dedos de frente, pero sí mucho resentimiento y ansia de protagonismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario