LA ESQUIVA ACQUILLA CLEMONS


Aquilla Clemons —o Acquilla Clemmons— fue una testigo clave del asesinato del policía J.D. Tippit en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, justo después de que le dispararan a Kennedy. Lo importante de ella es que lo que dijo no cuadraba con la idea de que Lee Harvey Oswald había actuado solo.

No me crucifiquéis. No es que no quiera mostrar una foto suya: es que no hay ninguna.
Clemons era una afroamericana que vivía en la calle East 10th, en el barrio de Oak Cliff, Dallas. El día que mataron a Tippit, estaba sentada en el porche de su casa cuando escuchó los disparos. A diferencia de otras personas que hablaron con la policía, Clemons contó cosas que apuntaban a que había más gente involucrada, o al menos que no había solo una persona: dijo que vio a dos hombres participando en el ataque, no solo a uno. Describió al que tenía el arma como bajito y medio gordo, vestido con pantalones caqui y camisa blanca. Según ella, ese no era Oswald. Vio a un segundo tipo, alto y flaco, que le decía al que disparó que corriera para un lado mientras él lo hacía para otro lado.



Clemons contó después que unos policías de Dallas la visitaron y le dijeron que no repitiera su historia a nadie, y que “podría salir herida si lo hacía”.
Aquilla Clemons, aunque lo vio todo, nunca la llamaron a dar su testimonio ante la Comisión Warren, ni la policía federal le tomó declaración. Un abogado de la Comisión, David Belin, dijo que el asesinato de Tippit era la Piedra Rosetta del caso JFK, porque conectaba directamente a Oswald con un crimen violento ese día. Pero lo que dijo Clemons pone en duda esto, sugiriendo que Oswald no actuó solo, o que incluso no fue el principal responsable o incluso partícipe en los hechos.



Yo estuve en el lugar de los hechos y todo ha cambiado extraordinariamente. No siquiera existe parte de la calle 10, ni la manzana donde vivía Clemons, desde cuyo porche pudo ver —y oír— la secuencia. Tuve que adivinar a ojo de buen cubero la posición de su casa. Y llegas a varias conclusiones.
• Es totalmente imposible que la buena señora pudiera escuchar a los hombres hablando a la distancia a la que se encontraba, a menos que ellos estuvieran gritando a pleno pulmón… y nadie más los oyó (foto).
• Es imposible que Clemons no viera a Helen Markham en la misma esquina de las calles 10 y la avenida Patton, justo en medio de su ángulo de visión, o de otros testigos que presenciaron el asesinato del agente Tippit (plano).




Mark Lane, probablemente el primer detractor de las conclusiones de la comisión, la localizó y le hizo a Aquila Clemons una entrevista en TV donde declaró haber sido “intimidada” dos días después del magnicidio por un agente de policía —que nunca fue capaz de identificar—, diciéndole que “alguien le haría daño si seguía hablando”. El FBI confirmó que no existía un testigo con semejante nombre en el listado facilitado por los investigadores del caso y que, debido a ello, sería improbable localizarlo para subsiguientes investigaciones. Lamentablemente, la testigo desapareció hasta 1967, cuando fue entrevistada y dijo que no podía responder porque estaba amenazada, repitiendo exactamente lo que había dicho a Mark Lane… Y después, nada más. Todos los que observamos las muy breves notas que tenemos de la testigo, advertimos la falta de locuacidad e incluso “lógica” de su testimonio, cuando, sin venir a cuento, habla de para quién trabajaba, y cuánto le pagaba a la hora…



No confío en Mark Lane. Y no confío en nada que provenga de este abogado.

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