EL ÚLTIMO TAXI DE OSWALD


Oswald tuvo que bajarse del autobús porque se quedó atorado en Elm Street debido al caos ocasionado por el tiroteo en Dealey Plaza.

Anduvo hasta la estación de autobuses de Greyhound donde encontró a William Whaley y su taxi.


Lee le preguntó si estaba libre y, sin apenas mediar más palabra, se sentó junto a Whaley, en el asiento del copiloto. Justo antes de arrancar, una anciana se acercó hasta el taxista y le pidió si podía pedir a algún compañero que viniera a recogerla a ella. Cinco meses más tarde, ante la Comisión Warren, el taxista estaba casi seguro de que Oswald, ya sentado dentro y con el taxímetro en marcha, abrió la puerta con la intención de cederle el taxi si tenía prisa. Aquella mujer, que nunca fue identificada, rechazó amablemente su ofrecimiento.


Fue extraño visitar el mismo lugar, la estación de autobuses Greyhound de Lamar St., casi 62 años después.

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