Casi un año después del magnicidio, la esposa del presunto asesino, Marina, fue llamada nuevamente a declarar ante lo mejor de la Comisión Warren. Además de los consejeros especiales de la comisión y de algún miembro del Servicio Secreto, se dieron cita el senador John Sherman Cooper y el Congresista Hale Boggs para escuchar la declaración de la persona que más cerca de Lee H. Oswald estuvo durante los últimos años.
Aquel 6 de septiembre de 1964 apareció
bien arreglada, maquillada, llevaba las ideas más claras, estaba más tranquila,
su dominio de inglés era mayor… y tenía varias decenas de miles de dólares en su
cuenta corriente. Recordemos que su marido se fue aquella mañana dejándole su
anillo de compromiso y un monto de 140 dólares. Eso siempre ayuda.
A pesar de ello, acudieron dos
intérpretes para traducir aquella dialéctica legal que le supusiera un problema,
aunque apenas los necesitó.
Cuando llevaban medio interrogatorio,
uno de los intérpretes, Peter F. Gregory hizo que la cabeza de la distinguida
concurrencia estallara:
Gregory: La señora Oswald cree que el presidente Kennedy no era el principal objetivo de Lee cuando lo asesinó.
Congresista Boggs: Y entonces ¿quién?
Gregory: Ella cree que era Connally.
Congresista Boggs: Que cree, ¿qué?
Ella tuvo que explicarse entonces:
Marina: Es mi opinión personal: yo creo que quizá estaba disparando al gobernador Connally, el gobernador de Texas. Creo que la razón sería su licencia de los Marines y varias cartas que intercambiaron Lee y la oficina del gobernador, pero lo cierto es que no creo que tuviera ninguna intención contra Kennedy.
Marina: A la vista de todos los hechos disponibles, no tengo ninguna duda de que Lee Harvey Oswald asesinó al presidente Kennedy.
Pero del mismo modo, estoy convencida de que Lee — de que mi esposo quizá intentaba matar al gobernador Connally en vez de al presidente.
| Rathvon M. Tompkins |
Una última cosa… Siempre se pregunta por qué Oswald no abrió fuego contra la caravana mientras la limusina se dirigía perpendicularmente hacia el Depósito de Libros de Texto, por la calle Houston. Hubiera sido un tiro fácil, pues el objetivo crece a los ojos del francotirador a medida que se acerca hasta su posición.
Por el diseño de la limusina y de
los asientos plegables, la única persona a bordo de aquella limusina que no se podía
ver, más bajo y oculto detrás del agente Kellerman y el puente metálico de los
paneles del techo, hasta que estuvo justo frente a la fachada del depósito de
libros, fue el gobernador John Connally… aparte de su mujer, Nelly, por
supuesto.
Da que pensar…
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