LA DESERCIÓN DE OSWALD

 

Mirad el interesante telegrama que recibió el Departamento de Defensa el 31 de Octubre de 1959:

“LEE HARVEY OSWALD, SOLTERO, DE 20 AÑOS, CON PASAPORTE 1733242, EXPEDIDO EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 1959, SE PRESENTÓ EN LA EMBAJADA HOY PARA RENUNCIAR A SU CIUDADANÍA AMERICANA, AFIRMANDO QUE HABÍA SOLICITADO LA CIUDADANÍA SOVIÉTICA EN MOSCÚ, TRAS SU LLEGADA A RUSIA DESDE HELSINKI EL 15 DE OCTUBRE. LA DIRECCIÓN DE SU MADRE Y SU (de Oswald) ULTIMA DIRECCIÓN EN LOS ESTADOS UNIDOS ES EL 4936 DE LA CALLE COLINWOOD, DE FORT WORTH, TEXAS. AFIRMA QUE SU ACCIÓN SE REMONTA A LOS ÚLTIMOS DOS AÑOS. EL PRINCIPAL MOTIVO ES QUE “SOY MARXISTA”. ACTITUD ARROGANTE Y AGRESIVA. RECIENTEMENTE LICENCIADO DEL CUERPO DE MARINE. DICE QUE HA OFRECIDO A LOS SOVIÉTICOS TODA INFORMACIÓN QUE HAYA ADQUIRIDO COMO OPERADOR DE RADAR MILITAR.

“A LA VISTA DEL CASO PETRULLI, PROPONEMOS QUE SE RETRASE LA EJECUCIÓN DE LA RENUNCIA HASTA QUE SEPAMOS LAS ACCIONES DE LOS SOVIÉTICOS O QUE EL DEPARTAMENTO SE PRONUNCIE…”

El caso Petrulli al que hace alusión el telegrama se refiere a su protagonista, Nicholas Petrulli, un turista estadounidense que intentó renunciar a su ciudadanía mientras se encontraba en Moscú en 1959, poco antes de que Oswald hiciera la misma maniobra. Sin embargo, tras haber entregado su pasaporte, Petrulli cambió de opinión y el Departamento de Estado dictaminó que su intento no constituía un «acto legalmente válido» y se le expidió un pasaporte para que pudiera regresar a los Estados Unidos.

Un par de días después, el 2 de noviembre, la embajada norteamericana en Moscú remitió un informe del encuentro de Lee Oswald con el segundo secretario de la embajada, Richard E. Snyder, donde copiaba la carta que Oswald le entregó para solicitar la rescisión de su ciudadanía:

“Yo, Lee Harvey Oswald, por la presente solicito que mi actual ciudadanía en los Estados Unidos de América, sea revocada.

“He entrado en la Unión Soviética con el único motivo de solicitar la ciudadanía en la Unión Soviética, por la vía de la naturalización.

“Mi solicitud de ciudadanía está ahora pendiente ante el Soviet Supremo de la U.R.S.S.

“Tomo esta decisión por motivos políticos. Presento mi solicitud de revocación de mi ciudadanía americana tras las más largas y serias consideraciones.

“Afirmo que mi lealtad es para con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.”

¿Recordáis cuando Oswald luchó a brazo partido para que le devolvieran su “licenciado con honores” de los Marine? Dudo que los soviéticos prestaran el mínimo interés en aquel chaval de 20 años, inestable y exaltado, que fingió un intento de suicidio en su hotel de Moscú cuando el Partido denegó su ciudadanía en el país. Los soviets se limitaron a llevarlo lejos de Moscú, a 700 Km, y darle empleo en una remota fábrica de radios de Minsk.

Independientemente, y con relación a si era o no desproporcionada la decisión de revocarle su “licencia con honores”… En primer lugar, Oswald mintió acerca de sus motivos para licenciarse: argumentó que debía cuidar de su madre enferma, pero lo cierto es que su pasaporte fue expedido el 10 de septiembre del ’59, fue licenciado un día después, y en torno al 15 de ese mismo mes abandonó los EEUU con destino Londres. Tenía perfectamente calculados sus pasos para conseguir su sueño soviético. No creo que esté muy bien considerado mentir para eludir sus responsabilidades para con el ejército.

Gary Powers junto al U2
Y por otro lado, Oswald tuvo la desfachatez de manifestar delante del secretario de la embajada que iba a entregar todos los conocimientos adquiridos durante su periodo militar en una base de radares de Japón a los soviéticos. La base de Atsugi era un emplazamiento vital a finales de los ’50, y Lee era un operador de radar asignado al Escuadrón de Control Aéreo Marino, presumiblemente con acceso a los códigos secretos armamentísticos de la estación. Uno de los aviones basados en Atsugi desde 1957 era el avión espía U2. Pilotado por Gary Powers, el 1 de mayo de 1960 fue derribado sobre Sverdlovsk, Rusia, condenado por espionaje y sentenciado a tres años de cárcel y siete de trabajos forzados. Es probable que solo fuera una coincidencia, pero sin duda es terriblemente sospechosa.

No obstante, solamente por manifestar un sujeto ante un funcionario de una embajada que está dispuesto a compartir todos los secretos militares con el enemigo, es motivo suficiente para que su expediente militar quede marcado con el término “deshonor”.

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