Nacido en 1918 en Laredo, Texas, y criado en San Antonio, «Steve» Ellis se graduó en el instituto Brackinridge y más tarde cursó estudios universitarios en el ejército. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó en la Guardia Nacional y prestó servicio como policía militar. Ellis comenzó su carrera en el Departamento de Policía de Dallas en 1946 como agente de patrulla y, quince meses después, pasó a ser agente de motocicleta en solitario, ascendiendo a sargento en 1952. El sargento Ellis era el oficial a cargo de la escolta de motocicletas de la comitiva que atravesaba Dallas, y acompañó a la limusina hasta el Hospital Parkland.
“Algunos de
los motoristas que rodeaban el coche decían: «¡Mirad eso!» Lo que estaban
mirando era el parabrisas. A la derecha del conductor, justo encima del marco
metálico, cerca de la parte inferior del cristal, parecía haber un agujero de
bala.
Hablé con un
agente del Servicio Secreto sobre ello y me dijo: «¡Bah, eso es solo un
impacto!». A mí me pareció un agujero limpio en el parabrisas. De hecho, uno de
los motoristas, Harry Freeman, metió un lápiz por él, o dijo que podía hacerlo.”
No. Harry Freeman no metió ningún lápiz por el supuesto agujero. Ni él ni nadie. Sin embargo, hay muchos testigos que afirman que allí había algo más que un simple impacto, y que, efectivamente, un proyectil había atravesado el parabrisas de la limusina, lo que avivaría la hipótesis de un segundo tirador disparando contra el vehículo desde delante.
Pero por más que leo sus declaraciones, no encuentro
sustento para suscitar esa sospecha. De hecho, muchos utilizan la misma frase
de Ellis —exactamente las mismas palabras—, hablando de que hubiera sido
posible pasar un lápiz por el agujero. Es como si hubieran recibido la
instrucción de repetir la misma historia delante de los medios.
Existe un récord de todo movimiento de la limusina desde que partió de Dallas hasta que llegó a Washington: quién lo condujo, quienes lo protegieron, a cargo de quién estuvo la investigación, los miembros del Servicio Secreto que estuvieron presentes, el número de fotografías que se tomaron… Y por otro lado, ¿tan insulsos pensamos que pueden ser los poderes fácticos para tergiversar, alterar o modificar unas pruebas y un informe oficial sobre un gigantesco vehículo que ha estado frente a cientos de testigos y que muchos han podido fotografiar? ¿En serio pensamos que, como algunas hipótesis conspiracionistas van recitando como acto de fe, el vehículo fue llevado hasta Wichita, donde se cambió el parabrisas y alteraron las pruebas, antes de volar hasta Washington para que el FBI realizara su informe, y todo eso antes de las 12 de la madrugada? ¿Fueron incluso capaces de replicar las grietas del parabrisas, para que coincidiera con el aspecto de las posibles fotografías tomadas en Parkland, y ocultar así un agujero y simular que solo se trató de un impacto?
Robert A. Frazier (1918-2015) fue un destacado agente especial del FBI y jefe de balística y armas de fuego en el Laboratorio del FBI. Analizó el rifle Mannlicher-Carcano, la ropa del presidente, la limusina, y testificó ante la Comisión Warren y llevó a cabo pruebas balísticas en varios casos de gran repercusión mediática. Y, de verdad, hay que leer la transcripción de su declaración para comprobar que este hombre le puso los puntos sobre las íes a la Comisión Warren. Si algo no lo sé, digo que no lo sé. Si algo es improbable, digo que es poco probable, si algo no es competencia mía y ha sido investigado por otro especialista, digo que no tengo ni idea, y si algo es simplemente una conjetura o una suposición, dejo claro que eso no ha salido de mi boca antes de proseguir con la declaración… para eso soy un agente reputado del FBI, ¡tal cual!
Con referencia a la limusina, declaró que cuando llegó a Washington
estaba llena de sangre y vísceras del presidente, restos de la munición usada
contra la comitiva, el lugar exacto donde fueron hallados dichos resto… pero
hizo observaciones muy claras sobre los daños que el vehículo sufrió durante el
ataque y que nos deja tremendamente claro la procedencia de los disparos.
Con referencia al impacto sufrido en el parabrisas, el científico
especifico que:
-
En la parte interior del parabrisas había una
porción de plomo. Dicho depósito estaba localizado (.) en el centro de un
pequeño patrón de estallido en forma de estrella que aparecía en la capa
exterior del parabrisas laminado.
- ¿Qué significa “que aparecía en la capa exterior del parabrisas laminado”?
-
El parabrisas se compone de dos capas con una
fina capa de plástico en medio que los mantiene unidos en forma de cristal de
seguridad. La capa interna no estaba rota, pero la capa externa, al otro lado
de donde se recuperó el residuo de plomo, tenía un pequeño patrón de rotura y
había una muy pequeña sección del cristal que había desaparecido de la
superficie exterior
-
Nos indica que solamente pudo recibir el
impacto desde dentro. (.) La rotura aparece en el exterior porque el cristal cedió
hacia afuera en el momento del impacto…
-
Así que la presión debió venir desde el
interior del cristal, y no desde el exterior.
-
Exactamente.
Frazier concluyó, en consecuencia, que ambos impactos —el parabrisas y el puente cromado— fueron provocados por la metralla expedida, probablemente, por los proyectiles que atravesaron a Kennedy. Ninguna de ellas tenía la energía de un disparo directo, y ambas provenían desde detrás del vehículo.
El informe del FBI, así como su deposición ante la comisión Warren, es extensísimo e intenta dar respuesta a todas las preguntas surgidas durante la investigación. Las conclusiones de Frazier, que también se desplazó hasta el lugar de los hechos e hizo su tarea pericial en la sexta planta del Depósito de libros, no dejan lugar a dudas sobre el origen de los disparos, haciendo hincapié en que todos y cada uno de los fragmentos hallados en los cuerpos de Kennedy y Connally y en el interior de la limusina tienen inequívocamente la misma composición.
Los documentos y fotografías mostrados en este artículo
están disponibles desde 1964. No obstante, resulta más atractiva la versión de
una enfermera que vio un agujero “por el que se podría haber pasado un lápiz”.
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