EL CINE, ESE GRAN EMBUSTERO


A todos nos gusta opinar. Es condición del ser humano.

Pero a muy pocos nos interesa conocer TODO cuanto se ha escrito sobre una materia, para formar una opinión ponderada. Y ni que decir tiene que las conclusiones de la comisión Warren no lo pusieron fácil: en 1964, cuando el dictamen final y el extensísimo aporte de entrevistas y fotografías sobre el caso se hizo público, si querías hacerte con una copia impresa, te costaba el sueldo de una semana…Una barbaridad.

Y hoy que podemos consultar las seis millones de páginas desclasificadas del caso, los Archivos Nacionales parece que disfrutan de complicar la labor de descarga habiendo subido a la red las fotografías originales de, por ejemplo, las declaraciones de todos y cada uno de los entrevistados por la Comisión Warren. Me refiero a decenas de miles de archivos en formato “.tiff”, y no en un compendio “.pdf” que acogiera esos mismos documentos, como sería de agradecer. Debes descargar uno a uno esos documentos si te quieres hacer una idea de qué pasó aquel 22 de noviembre de 1963.

A lo que iba: que a todos nos gusta opinar, pero en muchas ocasiones se nos hace un mundo acceder a la consulta de las fuentes originales, debido a la complicación inherente a la tarea. Y ya no hablamos del hándicap de que toda esta documentación está en inglés…

Entonces, un director le pide a un guionista que componga una bonita trama para su película. Pero también le susurra cuál es el enfoque que le quiere dar, y que resulta más atrayente una postura escéptica y conspiracionista, y que, en consecuencia, no es necesario dar demasiadas respuestas a la audiencia, a pesar de que esas respuestas están por escrito y disponibles para su consulta desde ese lejano 1964. Y la audiencia, por supuesto, se hace eco de esa película y da por hecho que todo lo que describe es real… y entonces nacen las dudas, las sospechas y, consecuentemente, el “yo creo que nunca sabremos la verdad”.

Kevin Costner y Jay O. Sanders en "JFK"
¿Recordáis el largometraje JFK de Oliver Stone, de 1991? Durante la investigación, Jim Garrison está con Lou Ivon —Kevin Costner y Jay O. Sanders, respectivamente— en la ventana de la sexta planta del Depósito de Libros de Texto de Texas desde la que presumiblemente Lee H. Oswald disparara contra la comitiva, y Ivon dice que la carabina era poco menos que una escopeta de feria, que se tarda casi 2’5 segundos en recargar, que la visión de Oswald estaba entorpecida por un árbol, que el FBI intentó varias veces emular su puntería… En serio: ni una sola de las frases de este diálogo es fidedigna o completa. Ni una sola.

Explicar cada una de ellas sería muy largo, así que nos fijaremos solamente en una de las falacias que se recogen en la secuencia, cuando Ivon afirma, acaso de pasada, que la mirilla del arma estaba defectuosa. Un truco de los guionistas: enunciar algo “de rasquis”, casi anecdóticamente… pero siempre queda algo.

Robert A. Frazier
Y vamos a los hechos: el principal responsable de la investigación del Mannlicher Carcano 6.5 en el FBI fue el Agente Especial Robert A. Frazier, perito en armas de fuego y balística del FBI en 1963, uno de los tres peritos del Laboratorio del FBI asignados al magnicidio, y llamado ante la Comisión Warren para ofrecer sus conclusiones sobre varios aspectos de la investigación, y el arma —presunta arma— utilizada. Naturalmente, allí se congregó las voces más insignes de la comisión, incluyendo al director Earl Warren.

En un momento del extremadamente largo e interesantísimo interrogatorio, se apuntó que para realizar las pruebas de tiro con éxito, se tuvo que corregir los parámetros de la mirilla porque, efectivamente, estaba claramente desviada.

Se le cuestionó a Frazier si tenía alguna sospecha sobre si aquella mira telescópica había sido ajustada de aquella manera a propósito, y su respuesta fue totalmente reveladora:

“Creo que debo señalar aquí que esta montura estaba separada del fusil cuando lo recibimos. Al parecer, incluso se había desmontado la mira para buscar huellas dactilares en ella. Así que, en realidad, el hecho de que estuviera ajustado de esa manera cuando lo recibimos no significa necesariamente que estuviera ajustado así cuando fue abandonado.”

¡Por supuesto que no! Si has desmontado la mira telescópica de un fusil, debes volver a ajustarlo con la óptica precisa o en un campo de tiro. Yo fui armero de regimiento durante mi servicio militar en la caballería zaragozana y me parece obvio este punto, pero incluso si Oswald —o quien fuera— no manipuló con cuidado la carabina después de disparar contra la comitiva, y la dejó caer precipitadamente en el escondrijo entre las cajas de libros en su huida, ese golpe podría haber alterado el ajuste de la mira. Pero si, además, existe la evidencia de que dicha mira ha sido desmontada, ¡es imperativo volver a graduarla antes de usarla nuevamente, si lo que buscamos es precisión!

Corrigiendo el diálogo manipulado en JFK, no es que Oswald disparara con una mira defectuosa: es que el fusil fue despiezado para buscar huellas y esa condición hizo que dicha mira quedara desajustada. Y esto ya fue dicho casi 20 años antes de que JFK llegara a las pantallas.

Además de demostrar que tanto los casquillos hallados en el suelo de la sexta planta, como los restos de proyectiles encontrados en el suelo de la limusina presidencial, habían sido disparados por el arma registrada a nombre de Oswald y encontrada semi-oculta entre cajas en aquella planta, el experto del FBI realizó otras importantes manifestaciones ante la comisión:

“Cualquier fusil, no importa su calibre, será una buena elección si sabes disparar”.

“El arma que encontramos en el depósito de libros es un arma muy precisa. Las pruebas que hicimos con ella así lo demuestran”.

“Desde mi experiencia personal como tirador durante años, cuando disparas a 50 u 80 metros, mucho menos que 100 metros con una mira telescópica, no vas a tener ningún problema en alcanzar tu objetivo”.

L.C Day con la carabina
La declaración, cerca de 150 páginas, debe ser leída un par de veces para entender la complejidad del testimonio de Frazier. Hay que entender también que el teniente L.C. Day del Dpto. de policía de Dallas ya había comenzado a desmontar el arma cuando recibió la orden de remitir todas las pruebas al FBI, unas horas después, en su búsqueda de huellas, y es muy probable que alterara significativamente su estado. Además, el teniente descubrió una huella palmar bajo una de las molduras del arma… y ni siquiera se lo transmitió al FBI.

En retrospectiva, se conoce que se hicieron muchas cosas mal con las pruebas, y el cambio de jurisdicción no ayudó al proceso. Ni siquiera se comprobó que la carabina había sido disparada aquella mañana, probablemente porque las pruebas hubieran destruido las posibles huellas en su superficie, y obviamente primaba encontrar quién la había usado, antes del cuándo.

El cine es un amigo divertido y fascinante, pero el mayor enemigo de la verdad.

 

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