LA ODISEA DE LA ALIANZA DE OSWALD

 

La mañana del 22 de noviembre, Lee salió muy temprano de casa de Ruth Paine, en Irving, a pocos kilómetros de Dallas, llevando consigo un voluminoso paquete que, según declaró su vecino y compañero de trabajo Buel W. Frazier, portaba unas barras de cortinas que le había dado Ruth Paine, porque quería cambiar las que tenía en la habitación de su pensión en el 1026 de la calle North Beckley. Posteriormente, Oswald dijo durante el interrogatorio tras ser arrestado que nunca dijo tal cosa, que lo único que llevaba era una bolsa de papel con su almuerzo, y la Sra. Paine afirmó que nunca se lo dio porque no tenía barras de cortinas extras… Pero eso pertenece a otra historia. Hoy vamos a hablar de lo que dejó en aquella casa.

Lee fue hasta Irving para pasar la noche con su mujer y volver a rogarle que volviera con él. La pareja sufría graves problemas conyugales y Marina se había alojado con su amiga Ruth desde que volviera de Nueva Orleans, a finales de septiembre del ‘63, meditando la idea de la separación. Él no consiguió convencerla y, a la mañana siguiente, tras asearse y tomar un café, dejó todo el dinero que tenía —unos 140 dólares —, y su alianza en una taza de té que perteneció a la abuela de Marina, sobre la cómoda del dormitorio. Y nos vamos a centrar en la odisea de este anillo porque este gesto ha sido interpretado de múltiples maneras: como una señal de despedida, como un indicio de premeditación, o simplemente como una coincidencia sin mayor trascendencia. Sin embargo, para muchos investigadores y analistas, el hecho de que Oswald se desprendiera de un objeto tan personal antes de cometer el crimen sugiere que era consciente de la magnitud de lo que estaba a punto de hacer.

La alianza, a decir verdad, es un anillo sencillo de oro de 14 quilates que Lee compró en una joyería de Minsk para sellar el compromiso. Compró uno para él y uno para Marina, e inmediatamente después fueron al juez de paz y se casaron. Importante es señalar que, según la tradición rusa, el anillo debe ponerse en el dedo anular de la mano derecha. Lee no se lo quitó nunca… hasta aquella mañana.

Minutos después de los disparos de la Plaza Dealey, Marina es puesta bajo vigilancia del FBI en un hotel a las afueras de Dallas, dándole el tiempo justo para recoger algunas pertenencias, ropa y los enseres para el cuidado de sus hijas. Unos días más tarde, Ruth Paine descubre el anillo dentro de la taza mientras hace limpieza, y no pierde un minuto en llamar al Servicio Secreto y ponerlo en sus manos, pasando a formar parte de la investigación. Es entonces cuando los investigadores descubren una estrella con el símbolo de la hoz y el martillo en el interior, con una nomenclatura equivalente a los 14 quilates occidentales. Nada reseñable a menos que se quiera ver un mensaje críptico entre Lee y Marina, hasta hoy indescifrado.

El presunto asesino del presidente Kennedy fue enterrado el 25 de noviembre de 1963, en el cementerio Rose Hill Memorial Park de Fort Worth, Texas. Marina tuvo un último detalle en memoria de la casi siempre desagradable historia que acompañó al matrimonio, y dejó su propia alianza, que tampoco se había quitado desde que se casaran en Rusia, en el dedo anular de la mano derecha de su marido.

La sufrida viuda, acosada por los medios, por el FBI y por los investigadores de la Comisión Warren, deja de ser sospechosa y le son devueltas las pertenencias de Lee en diciembre de 1964, incluyendo la alianza hallada por Paine en la taza de té. Aproximadamente un año después, Marina confiesa que no sabe dónde está dicho anillo. ¡Como lo lees!

Espera, que el tema adquiere tintes extravagantes: más de 20 años después, un abogado de Fort Worth se encontró con un voluminoso dosier relativo a Oswald y al magnicidio. El investigador David Perry se hizo cargo de aquel material y descubrió que era un compendio de documentos que Marina le había donado a una escritora, que tenía la intención de escribir una biografía sobre el matrimonio.

Perry encontró un sobre en medio de todo aquel volumen, y en su interior estaba la alianza perdida de Oswald y una nota que, a modo de recibo, constataba que Ruth Paine había entregado aquel anillo al Servicio Secreto el 2 de diciembre de 1963. Diez días después del magnicidio. Y volviendo a cuestionar a Marina sobre el asunto, declara no saber nada sobre todo aquello, y no tiene ni idea de cómo el anillo de su marido llegó a manos del bufete de abogados. Lo que sí sabemos es que dicho libro fue publicado en 1977 — Marina and Lee, escrito por Priscilla Johnson McMillan, publicado por Harper & Row,
Publishers, Inc. — y también sabemos que el bufete de abogados donde fue hallada la alianza de Lee, representaba los intereses de Marina Oswald en la editorial, así que es asumible que el sobre con el anillo fuera una de las mil cosas que ella envió a Priscilla Johnson, de alguna manera traspapelado… o es que nunca se le comunicó a Marina que dicho anillo era uno de los objetos devueltos tras la investigación Warren.

Lo cierto es que el investigador David Perry se puso en contacto con Marina, le comentó que había aparecido la alianza, y ella la puso en subasta en octubre de 2013, consiguiendo 108.000 dólares por ella. Dos años después, el Museo de la Sexta Planta —Sixth Floor Museum— de Dallas adquirió la pieza y desde entonces figura entre las muchas joyas históricas que exhibe entre sus paredes.

Os aseguro que invade una sensación terriblemente extraña estar a apenas 20 centímetros de él.

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