CIA: LA CONEXIÓN DE MADRID CON EL MAGNICIDIO.


Mi agradecimiento al investigador y autor José Juan Montejo por ponerme tras la pista de esta noticia.

Kennedy acaba de ser asesinado en la Plaza Dealey de Dallas. El quién, el cómo, el cuándo y el por qué corroen hasta la última fibra de las agencias del país, que no pueden dar crédito a lo sucedido.

Hay un detenido. Un tal Lee Harvey Oswald que, antes de que pasen 12 horas, ya está inculpado del asesinato del presidente y de un agente de policía que tuvo la desdicha de cruzarse en su camino. Él clama ante los periodistas que atestan las dependencias del Departamento de Policía de Dallas, que es un chivo expiatorio, pero las evidencias son más que suficientes para iniciar un proceso que nunca llegará a término.

Inmediatamente, la CIA y el FBI descubren que Oswald es un viejo conocido, pues hace cinco años se hizo un hueco en sus archivos, no por haber renunciado a su nacionalidad y haber desertado a Rusia, sino por haberse arrepentido y regresado con su esposa rusa y su hija a la madre patria.

Las agencias saben que han metido la pata. Que durante años ningunearon o no prestaron la atención merecida al que ahora está en las portadas de todos los rotativos. A un chaval de 24 años que, en base a todas las evidencias, ha asesinado con una birria de carabina italiana al líder del mundo libre. El FBI incluso manda destruir una gruesa carpeta con el epígrafe “Oswald”, intentando huir de la vergüenza.

Mientras es interrogado en las dependencias policiales, todas las agencias intentan descubrir dónde estuvo el error, y solicitan a sus delegaciones en todo el mundo una investigación exhaustiva de cuantos indicios puedan llevar a un culpable. Empiezan a llegar informes, fotografías, documentos, sospechas… Se descubre que el inculpado estuvo recientemente en México, que en Nueva Orleans protagonizó un altercado con miembros anti-castristas, que estuvo en televisión y en emisoras de radio defendiendo su postura, que recibió las armas incautadas en un apartado de correos bajo pseudónimo, que su mujer huía de él…


El 25 de noviembre, dos días después de que Kennedy fuera asesinado, un exaltado se abalanza sobre Oswald cuando era conducido hacia la prisión y lo mata ante las cámaras de televisión.

Unos días después, el 3 de diciembre, la delegación de la Agencia Central de Inteligencia en Madrid, envía un informe donde se puede leer:

“El 22 de noviembre, Amparo Godínez, propietaria del bar “Marquesa de Cuba” en Madrid, escuchó al experiodista cubano Gastón Baquero decirle a Rosendo Canto Hernández, editor de Acción Cubana, que tenía “RECD LTR” —received letter o pruebas por escrito— de que “Gpideal” —el nombre el clave de Kennedy en la agencia— sería asesinado en Dallas ese día”.



Rosendo C. Hernández
Rosendo Canto Hernández fue embajador de Cuba en Costa Rica, Corea y Taiwán durante los años anteriores a la Revolución castrista. En 1959 se trasladó a Madrid con su esposa, la abogada española Ascensión de Gregorio Sedeño. Canto, fallecido en abril de 2011, publicó más de 2.000 artículos en prensa y fue uno de los organizadores del servicio exterior de Radio Nacional de España. Además fue fundador y director de la Casa de Cuba en Madrid.

Gastón Baquero
La historia llegó a los rotativos en octubre de 2017 cuando dichos documentos —totalmente desvelados, aunque algunos ya los teníamos cuando fueron parcialmente liberados llenos de parches y manchas negras en 2004— fueron desclasificados con calidad aceptable. No obstante, la inmensa mayoría de estos medios de comunicación no quisieron o no supieron seguir la traza de la investigación, y no se hicieron eco de la orden expresa del director de la CIA dos días después, el 5 de diciembre, donde instaba a los responsables de dicha delegación en Madrid a proceder con la línea de investigación, e interrogar a los implicados en aquellos hechos, desde la propietaria del Marquesa de Cuba, hasta Canto y el autor de aquellos supuestas declaraciones, el autor y poeta cubano
Gastón Baquero, exiliado en España cuando estalló la revolución cubana, en 1959.

Aquel mismo día, quizá para demostrar que la delegación de la agencia en Madrid también sabía hacer sus deberes, el director de la oficina en España respondió a la Central lo siguiente:

Growery lo vio (a Gastón Baquero) el día 26, y la muerte de Gpideal (Kennedy) fue obviamente discutida. En ningún momento Cugrowl (Baquero) ofreció ningún indicio de que tenía ninguna carta o había oído algún rumor acerca de que Kennedy sería asesinado. Sin duda, él se lo hubiera comunicado a Growery si hubiera recibido dicha carta o cualquier otra información sobre el asesinato…”.


Se podría entender que aquella conversación “de pasada” escuchada por Amparo Godínez en el bar “Marquesa de Cuba”, bien pudiera ser una confusión o una “falta de contexto”. Pero lo que más sorprende en este teletipo es el nombre “Growery”.

Wallace A. Growery era un seudónimo utilizado por el agente de la CIA, Alfonso Rodríguez. A su vez, Alfonso Rodríguez era, probablemente, el seudónimo que usaba el agente Earl J. Williamson —aunque existen dudas sobre esta identidad—. Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 400000 y 500000 hispanoamericanos sirvieron en el ejército estadounidense. La OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) reclutó a muchos oficiales de origen hispano para sus filas, entre ellos Alfonso Rodríguez, quien había pasado la mayor parte de su carrera en el G-2 (sección superior de inteligencia militar en el ámbito divisional del Ejército de los Estados Unidos y en los niveles superiores, responsable de la inteligencia, la vigilancia, el reconocimiento y la evaluación de amenazas). Rodríguez se incorporó a la OSS como especialista en contrainteligencia y más tarde se convirtió en uno de los miembros fundadores del Grupo Central de Inteligencia (CIG, creado por el presidente Harry Truman en enero de 1946 y disuelto en septiembre del ‘47) y de la CIA.

Growery —Alfonso Rodríguez— ya era un peso pesado de la CIA en 1950. Y una década después estaba en España encargándose de los flecos y apéndices del asesinato de Kennedy. Y del mismo teletipo se extrae una evidencia factible: cuando Gastón Baquero afirma que, de haber recibido aquella carta se la hubiera entregado inmediatamente a Growery, nos está revelando que el poeta era también un agente encubierto o un informante de la CIA en España. Un exiliado cubano con la misión de hacer saber a la Central de Inteligencia las tramas de los anticastristas afincados en nuestro país.

La investigación continúa. Es muy probable que no encontremos una relación tácita con el magnicidio, pero descubrir que Alfonso Rodríguez, el agente Growery tan relevante en Cuba y toda Sudamérica durante los años posteriores a la 2ª Guerra Mundial, fue destinado en Madrid en 1963 y cuya presencia en nuestro país he podido seguir hasta principios de 1965, abre un interesante paréntesis en la investigación.


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