Mi agradecimiento al investigador y autor José Juan Montejo por ponerme tras la pista de esta noticia.
Kennedy acaba de ser asesinado en la Plaza Dealey de Dallas. El quién, el cómo, el cuándo y el por qué corroen hasta la última fibra de las agencias del país, que no pueden dar crédito a lo sucedido.
Hay un
detenido. Un tal Lee Harvey Oswald que, antes de que pasen 12 horas, ya está
inculpado del asesinato del presidente y de un agente de policía que tuvo la
desdicha de cruzarse en su camino. Él clama ante los periodistas que atestan
las dependencias del Departamento de Policía de Dallas, que es un chivo
expiatorio, pero las evidencias son más que suficientes para iniciar un proceso
que nunca llegará a término.
Las agencias
saben que han metido la pata. Que durante años ningunearon o no prestaron la
atención merecida al que ahora está en las portadas de todos los rotativos. A
un chaval de 24 años que, en base a todas las evidencias, ha asesinado con una
birria de carabina italiana al líder del mundo libre. El FBI incluso manda
destruir una gruesa carpeta con el epígrafe “Oswald”, intentando huir de la
vergüenza.
Mientras es
interrogado en las dependencias policiales, todas las agencias intentan
descubrir dónde estuvo el error, y solicitan a sus delegaciones en todo el
mundo una investigación exhaustiva de cuantos indicios puedan llevar a un
culpable. Empiezan a llegar informes, fotografías, documentos, sospechas… Se
descubre que el inculpado estuvo recientemente en México, que en Nueva Orleans
protagonizó un altercado con miembros anti-castristas, que estuvo en televisión
y en emisoras de radio defendiendo su postura, que recibió las armas incautadas
en un apartado de correos bajo pseudónimo, que su mujer huía de él…
El 25 de noviembre, dos días después de que Kennedy fuera asesinado, un exaltado se abalanza sobre Oswald cuando era conducido hacia la prisión y lo mata ante las cámaras de televisión.
Unos días
después, el 3 de diciembre, la delegación de la Agencia Central de Inteligencia
en Madrid, envía un informe donde se puede leer:
“El 22 de noviembre, Amparo Godínez, propietaria del bar “Marquesa de Cuba” en Madrid, escuchó al experiodista cubano Gastón Baquero decirle a Rosendo Canto Hernández, editor de Acción Cubana, que tenía “RECD LTR” —received letter o pruebas por escrito— de que “Gpideal” —el nombre el clave de Kennedy en la agencia— sería asesinado en Dallas ese día”.
| Rosendo C. Hernández |
| Gastón Baquero |
Aquel
mismo día, quizá para demostrar que la delegación de la agencia en Madrid
también sabía hacer sus deberes, el director de la oficina en España respondió
a la Central lo siguiente:
“Growery lo vio (a Gastón Baquero) el día 26, y la muerte de Gpideal (Kennedy) fue obviamente discutida. En ningún momento Cugrowl (Baquero) ofreció ningún indicio de que tenía ninguna carta o había oído algún rumor acerca de que Kennedy sería asesinado. Sin duda, él se lo hubiera comunicado a Growery si hubiera recibido dicha carta o cualquier otra información sobre el asesinato…”.
Se podría
entender que aquella conversación “de pasada” escuchada por Amparo
Godínez en el bar “Marquesa de Cuba”, bien pudiera ser una confusión o una
“falta de contexto”. Pero lo que más sorprende en este teletipo es el nombre “Growery”.
Growery
—Alfonso Rodríguez— ya era un peso pesado de la CIA en 1950. Y una década
después estaba en España encargándose de los flecos y apéndices del asesinato
de Kennedy. Y del mismo teletipo se extrae una evidencia factible: cuando
Gastón Baquero afirma que, de haber recibido aquella carta se la hubiera
entregado inmediatamente a Growery, nos está revelando que el poeta era también
un agente encubierto o un informante de la CIA en España. Un exiliado cubano
con la misión de hacer saber a la Central de Inteligencia las tramas de los
anticastristas afincados en nuestro país.
La
investigación continúa. Es muy probable que no encontremos una relación tácita
con el magnicidio, pero descubrir que Alfonso Rodríguez, el agente Growery tan
relevante en Cuba y toda Sudamérica durante los años posteriores a la 2ª Guerra
Mundial, fue destinado en Madrid en 1963 y cuya presencia en nuestro país he
podido seguir hasta principios de 1965, abre un interesante paréntesis en la
investigación.
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