CONSPIRAR POR CONSPIRAR



Libros de escritores como Anthony Summers, Joseph Goulden y Gaeton Fonzi promovieron versiones que implicaban al mafioso Sam Giancana o a sus socios. Estas obras reúnen vínculos circunstanciales (motivos de la mafia, contactos conocidos con agentes de la CIA, la antipatía de Giancana hacia Kennedy después de que la administración tomara medidas enérgicas contra el crimen organizado). Sin embargo, no proporcionan pruebas contundentes que vinculen directamente a Giancana con el asesinato.

Buscamos a toda costa motivos para decir que Oswald no tuvo nada que ver con el magnicidio, a pesar de tener pruebas suficientes de su implicación material. No simples especulaciones sino pruebas fehacientes de que Lee estaba en el sexto piso del almacén de libros, con una birria de carabina que compró meses atrás por correo. Que disparó 45 minutos después contra un agente de policía en Oak Creek, con un revólver que compró también meses atrás y también por correo. Que meses antes disparó contra el general Edwin Walker… No nos convence nada. Hay pruebas de todo y preferimos pensar que todas esas pruebas fueron fabricadas para implicar al pobre inadaptado. Es curioso: dos días antes de disparar contra Kennedy era el “maldito comunista desertor”, y después se convertiría en el motivo de cruzadas para defender su honor.
O mejor: Oswald trabajaba para la CIA, el FBI, Alpha 66, era un manchú, un MJ, un latente… ¿En serio no nos damos cuenta de que Oswald murió y no tenía ni para pagar el traje con el que lo enterraron?
Ni una sola prueba o evidencia que lo exculpe. Ni una salvo vagas declaraciones o suposiciones:
“Es que Lee no estaba allí”. “Es que el arma no era suya”. “Es que tenía la mira defectuosa”. “Es que todo fue un montaje”.
Y, volviendo al principio: ¿Cómo nadie puede imaginar que la orgullosa Mafia pudiera usar a un muerto de hambre con una escopeta de feria para ocultar sus deseos de acabar con la era Kennedy? ¿Cuándo ha usado la mafia una excusa tan pueril, cobarde y “poco vanidosa”? ¡¡Por supuesto que hay indicios, dimes y diretes, y cuchicheos!! Pero, después de 62 años, creo que no es descabellado reclamar una evidencia definitiva, porque, de lo contrario, sí que las tenemos.

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