Si Kennedy hubiera salido ileso de la Plaza Dealey, hubiera tenido un almuerzo en el Trade Mart de Dallas, organizada por la cámara de Comercio.
Más tarde hubiera vuelto a Love Field para coger su avión y volar hasta Austin, donde hubiera cenado en el Auditorio Municipal con 5000 vecinos que habían pagado 100 dólares por cubierto. Era la etapa final de su viaje.
Kennedy iba a pronunciar un discurso ante el Comité Ejecutivo Estatal Demócrata. El texto, que nunca llegó a leer, enfatizaba la importancia de la unidad del partido y, cómo no, el progreso de Texas.
Este es uno de los pases para la cena que nunca fue celebrada.
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