Jean Hill y Mary Moorman estaban aquella mañana en frente de la pérgola de la Plaza Dealy, apostadas a menos de un metro de la calzada de la calle Elm, esperando al presidente y su séquito. Mary llevaba una cámara polaroid con la que pretendía captar la sonrisa de Kennedy. De hecho, obtuvo una de las fotografías más extraordinarias del magnicidio, en el mismo instante en el que el presidente era alcanzado en su cabeza. Eran las testigos más cercanas a la escena, y fácilmente identificables porque Jean llevaba un chubasquero de color rojo muy llamativo. En la cinta de Zapruder se puede ver que la limusina acababa de sobrepasarlas cuando se consumó la tragedia.
Hill fue entrevistada por Arleen Specter el 24 de marzo de 1964 para la comisión Warren y pronto dejó claro que no iba a ser un testimonio aburrido, porque fue la única testigo que identificó a Jack Ruby — o a alguien que se le parecía mucho — corriendo junto al edificio del Depósito de Libros de Texto de Texas, para perderse en dirección al aparcamiento aledaño a las vías del ferrocarril. Afirmó que le llamó la atención porque todo el mundo estaba petrificado, y solamente esa persona, con un sombrero y un abrigo marrones, corría desaforadamente ante su campo de visión.
Naturalmente, Hill no conocía a Ruby, pero éste saltó a los
medios cuando, dos días tras el magnicidio, disparó contra Oswald ante las
cámaras de TV y fue detenido, siendo portada en la mitad de los periódicos del
24 y 25 de noviembre.
No entraré en detalles acerca de esta parte del testimonio de Hill, principalmente porque sabemos a ciencia cierta dónde estaba Jack Ruby en el momento de los disparos: en las oficinas del periódico Dallas Morning News, contratando una sección donde publicitar el Club Carousel que regentaba, constatado por los profesionales que estaban con él cuando la noticia les sorprendió apenas unos minutos después. Lo intrigante es lo que Jean Hill dijo después:
· Hill: Vi un perro en el coche. Me lo siguen preguntando y ya lo he dicho tanto en la radio como en la TV: yo vi un perro en el coche.
· Specter: ¿en qué coche?
· Hill: Entre el presidente y la Sra. Kennedy, y me siguen preguntando que raza de perro era. Y yo les digo que no lo sé, que lo que menos me interesaba era lo que había o no en ese asiento, pero sé que era blanco y peludo, y que estaba sentado entre ambos. Debía ser un perro pequeño. Y la verdad es que no comprendo qué hacía ese perro ahí. Después vi que había unas rosas en el asiento, pero sé que estaban mirando algo y estoy segura de que lo vi.
· Specter: ¿Se rieron de usted?
· Hill: El que más se rio fue mi marido (del que más tarde se divorciaría) porque dije en un medio de Oklahoma que “el perro saltó al regazo de Jackie”. Y mi marido me dijo “de toda la gente de los Estados Unidos, solo podías ser tú quien viera un perro” …
Pues Jean Hill no se equivocaba… o casi.
Al aterrizar en Dallas, el presidente y la primera dama se acercaron hasta la multitud que aguardaba su llegada, estrechando manos y repartiendo sonrisas. Jackie llevaba el ramo de rosas rojas y alguien, entre todas aquellas personas, le regaló una pequeña marioneta: un corderito peludo, el popularLamb chop se hizo tan famoso que obtuvo permiso para hablar en el Congreso en 1993, para testificar a favor de la protección de la televisión infantil.
Una de aquellas marionetas, blanca, peluda y totalmente inocente, viajaba a bordo de la limusina presidencial, acomodada entre el presidente y la primera dama. Aquel pequeño obsequio de un admirador se ganó un lugar en la historia cuando se quedó desamparado y cubierto de sangre en una esquina del asiento posterior, cuando algunos fotógrafos alcanzaron a captar el vehículo antes de que el Servicio Secreto pusiera la cubierta, a su llegada al Hospital Parkland.
No. No había ningún perro en la limusina presidencial aquel 22 de noviembre. Pero es comprensible pensar que el cerebro de Jean Hill, en shock ante los acontecimientos que estaba presenciando, confundiera aquel inocente juguete con un pequeña mascota blanca y peluda.
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