EL CEREBRO DE KENNEDY, ROBADO

 

Los restos del cerebro del presidente Kennedy podría dar respuesta a muchos enigmas relativos a su asesinato y, sobre todo, a detalles definitivos sobre el ´numero de tiradores y la procedencia de las balas que le alcanzaron.

Pero hay un problema: ese cerebro fue robado. Te lo cuento:

En abril del ’65, la que fuera secretaria ejecutiva de Kennedy durante toda su carrera política, Evelyn Lincoln, organizaba algunos documentos para depositarlos en los Archivos Nacionales. La Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA) es la encargada de conservar los registros de la nación.

Evelyn Lincoln

En aquellos documentos, Lincoln especificó la disposición y contenido de diferentes colecciones preparadas para ser archivadas. Una de ellas, la nº 9, se componía de seis cajas, y en una de ellas había un cilindro de acero inoxidable de 18 cms. de diámetro y 20 cms. de alto. En su interior estaban preservados en formol los restos del cerebro de Kennedy que fueran rescatados en el Hospital Parkland de Dallas cuando intentaron salvar su vida y en el Hospital Naval de Bethesda de Washington donde le practicaron la autopsia. Lincoln acomodó el cilindro metálico dentro de un baúl, y lo cerró con llave, convirtiéndose a efectos documentales en la última persona que vio aquel cilindro.

Sección del memorando de artículos archivados

¿Los antecedentes? Pocos días después de los hechos, el médico jefe del hospital de Bathesda recibió una petición secreta del médico de la Casa Blanca, el Vice Almirante Dr. George Gregory Burkley, para que el cerebro fuera enviado a la Casa Blanca, donde fue almacenado en un despacho de la Consigna de presidentes. Un año después fue enviado a los Archivos Nacionales, para que Evelyn Lincoln dispusiera su almacenamiento.


Vice Almirante George G. Burkley

En 1972, el Dr. Cyril Wecht, patólogo, asesor, escritor y en aquel entonces director de la Academia de Ciencias Forenses —y uno de los principales detractores de los resultados de la Comisión Warren—, solicito acceso a los informes y las pruebas guardadas en los Archivos Nacionales, y descubrió que el cilindro metálico había desaparecido. ¡Tal cual!


Dr. Cyril Wecht

Sin pistas, sin testigos… ¡nada!

Por supuesto, no hay que descartar la posibilidad de que algún poder oscuro robase el cerebro del presidente a sabiendas de que un análisis forense en profundidad pudiera arrojar más luz sobre los hechos acaecidos aquel 22 de noviembre. Y, por descontado, la conspiración es inapelable.

Pero, como casi siempre, existe otra explicación: según el testimonio de la propia Evelyn Lincoln, en 1965 el hermano del presidente Kennedy, el senador Robert Kennedy, la llamó para explicarle que iba a enviar a su secretaria personal, Angela Novello, a los Archivos Nacionales, para recoger el cilindro y llevarlo a otra sala de ese mismo edificio, donde podría supervisarlo. El senador Kennedy falleció trágicamente en junio de 1968, y a pesar de que sí se encontró el registro de la visita de Novello a los Archivos, cuando fue cuestionada acerca de la urna… declaró que no recordaba nada del asunto, ni de ninguna urna o su contenido…


Angela Novello y en Senador Kennedy

Y se acabó la historia. Si esperabais un desenlace feliz, lo siento, pero no existe. Jamás ha sido hallado aquel contenedor ni existen pistas que indiquen su paradero. La prueba definitiva que podría desenmascarar la esquiva trama —una de tantas—, desapareció sin dejar rastro.

Sin embargo, en 'El fin de los días: el asesinato de John F. Kennedy', James Swanson afirma que una investigación ordenada por el entonces fiscal general, Ramsey Clark, indicó que Robert Kennedy era el responsable del hurto.

James Swanson

Si bien la investigación no logró recuperar el cerebro, sí "descubrió evidencia convincente que sugiere que el ex fiscal general Robert Kennedy, con la ayuda de su asistente Angie Novello, había robado el cilindro", escribe Swanson, en un extracto de The New York Post.

“Mi conclusión es que Robert Kennedy sí sustrajo el cerebro de su hermano, no para ocultar pruebas de una conspiración, sino quizás para ocultar pruebas del verdadero alcance de las enfermedades del presidente Kennedy, o quizás para ocultar pruebas de la cantidad de medicamentos que tomaba.”

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