Os voy a poner un ejemplo de los fraudes manifiestos que
pretenden dar importancia a Lee H. Oswald, asociándolo con organizaciones,
estamentos o personajes influyentes, para intentar eliminar de su memoria el
adjetivo de “loco solitario”, y fraguar una coalición que pueda ahondar en la
hipótesis de la conspiración al más alto nivel.
En el verano de 1975 apareció una nota manuscrita de Oswald
fechada el 8 de noviembre de 1963 —un par de semanas antes del magnicidio—,
donde Lee le pedía a un misterioso “Sr. Hunt” que le informara acerca de su
situación. El tema alcanzó rápidamente profundidad y el 3 de marzo de 1977 el
The New York Times publicaba la siguiente nota:
El FBI está
investigando una carta que, según se informa, fue escrita por Lee Harvey Oswald
al difunto multimillonario de Dallas H. L. Hunt, en la que preguntaba por la
«situación» de Oswald el 8 de noviembre de 1963, dos semanas antes del
asesinato del presidente Kennedy.
Un portavoz
del FBI en Dallas afirmó que la carta estaba en poder de la agencia y que se
estaba investigando.
«Eso es todo
lo que podemos decir», afirmó.
Una
comparación de la nota manuscrita con muestras de la letra de Oswald ha llevado
a los investigadores a concluir que fue escrita por Oswald o por alguien capaz
de imitar su letra.
El Sr. Hunt,
que defendía causas conservadoras, falleció en 1974. Siempre negó tener
conocimiento alguno de Oswald.
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| HOWARD HUNT |
A pesar de que el artículo intenta asociarlo con Haroldson Lafayette
Hunt, el magnate del petróleo fallecido el 29 de noviembre de 1974, es más
probable que presunta nota de Oswald pretendiera implicar a Everette Howard
Hunt, Jr., oficial de inteligencia de la CIA y escritor estadounidense, célebre
por ser uno de los principales organizadores del robo del escándalo Watergate
en 1972, que provocó la dimisión del presidente Richard Nixon, habiendo sido consultor
para la Casa Blanca durante su mandato. Pasó 33 meses en prisión por ese
motivo. Como parte de los llamados "fontaneros" de la Casa Blanca,
Hunt también participó en operaciones encubiertas como el golpe en Guatemala y
la invasión de Bahía de Cochinos. Trabajó durante años para la Agencia Central
de Inteligencia (CIA), desempeñando un papel en operaciones importantes durante
la Guerra Fría.
Además de su faceta de espía, escribió más de 80 novelas de
espionaje y policiacas bajo su nombre real y varios seudónimos, incluyendo ensayos
como American Spy.
Y ¿cómo sabemos que se refería a Howard Hunt? Porque la
comisión de investigación de las actividades de la CIA en los Estados Unidos mantuvo
una serie de entrevistas con él en marzo de 1975 —curiosamente, dos meses antes
de que apareciera la nota de Oswald—. Naturalmente, en aquellas entrevistas se
cuestionó al antiguo espía si tenía algún tipo de relación con los sucesos
ocurridos en la Plaza Dealey, con Oswald o con cualquiera que estuviera
implicado en el magnicidio, y su repuesta fue un tajante no. Independientemente
de que confiemos en su alegato o de si creemos que alguien como Oswald podía
tener acceso a un peso pesado del espionaje como Hunt, y le iba dejando oscuras
notas, lo interesante en sí es la nota en cuestión: |
| Anna Paulina Luna |
En octubre de 2025, la embajada soviética le entregó a la Miembro de la Cámara de Representantes de los
Estados Unidos, Anna Paulina Luna, un grueso dossier de documentos recopilados
en la antigua Unión Soviética sobre Kennedy y sobre la estancia de Oswald en
Rusia durante su conato de deserción. Entre aquellas páginas consta una carta
de Oswald a la embajada soviética, cuando ya había decidido volver a los
Estados Unidos con su mujer e hija, solicitando información acerca de su
situación tras haber solicitado irse de Rusia.
Curiosamente, aquella carta, fechada el 1 de diciembre de
1960, tiene paralelismos con la nota aparecida en 1975. De hecho, algún
malintencionado cortó partes de la carta original para confeccionar la nota,
con tan poca experiencia que aquellas secciones en las que se requería de
cierta traza para la falsificación —la fecha o el encabezamiento—, llaman la
atención porque ni siquiera intentó simular la caligrafía de Oswald.

No es extraño, con el paso de los años, que aparezcan “nuevas
pruebas” pretendiendo profundizar más en la trama, intentando inculpar nuevos
nombres y buscando alianzas allá donde nunca las hubo. Autores que aún hoy en
día hablan de que su nuevo libro mostrará “una nueva evidencia ineludible”
rescatada de un archivo olvidado, o de pruebas no analizadas con suficiente
profundidad, o de documentos que fueron inexcusablemente sobreseídos por el Comité Selecto de la Cámara de Representantes
de los Estados Unidos sobre Asesinatos (U.S. House of Representatives
Select Committee on Assassinations). No cabe duda que Oswald intentó de todas
las maneras buscar simpatías en cualquier estamento que le diera cierto
prestigio y responsabilidades. De hecho, se sabe que incluso las exigió,
ahondando en la memoria del marine que cumplió honrosamente, o del americano
que merece ser escuchado por el simple hecho de serlo. Cartas donde se define
como comunista, y meses después, ante las cámaras de televisión afirmaba no
serlo; incapaz de darle una mínima comodidad a su familia, pero gastando el
poco dinero que tenía en arsenal de segunda mano porque “tenía que protegerse”… ¿Y desde cuándo un agente encubierto hace lo imposible para ganar publicidad, saliendo en televisión y la radio?
Pero la verdad es solo una: Lee fue siempre un inadaptado
que cambiaba de opinión con frecuencia, inestable en sus relaciones y que nunca
hubiera podido conseguir el respeto de aquellos a quienes merodeaba. Lo intentó
en Nueva Orleans y Carlos Bringuier lo apaleó en plena calle por querer jugar
al juego pro-Castro – anti-Castro. La leyenda le ha otorgado a través de la
duda razonable lo que sus acciones le negaron. Estamentos como la CIA o el FBI
no hubieran podido usar sus servicios, en el caso de que hubieran sido
requeridos, porque era totalmente impredecible, manipulable y falto de
cualquier compromiso con sus propios ideales…
Oswald falleció dejando un monto de unos 144 dólares y
deudas por varios cientos a familiares. Ni siquiera pudo pagarse su propio entierro. Puede que debamos observar este dato si
pretendemos defender que fue uno de los agentes encubiertos más importantes.
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